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viernes, 20 de octubre de 2017

Cuentos de Los Pedroches


Juan Bosco Castilla nos habla sobre su libro reeditado "Cuentos de Los Pedroches" en un magnífico acto celebrado en la Biblioteca Municipal de Pozoblanco.



Luego Los Mejía nos deleitaron con la interpretación de uno de sus cuentos "El hijo del Pastor".







 "...Señoras y señores, buenas noches. Gracias por haber venido.


         A principios de 1997, la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno, por mediación del que ahora es presidente de COVAP, me propuso recoger las leyendas de Los Pedroches. Yo acepté de inmediato, y enseguida me puse manos a la obra.
         En este punto, quiero recordar lo que es una leyenda.  Según la RAE.
 Narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición.  Una leyenda sobre el origen del mundo, por ejemplo
Relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración. La leyenda del Cid, por ejemplo.


         La leyenda está, pues, a medio camino entre lo real y lo mítico. Una leyenda es, en fin, una ficción que tiene un lejano soporte histórico, protagonizada por personajes casi siempre reales que han alcanzado con el tiempo la condición de legendarios.
         Con una grabadora de casete y un bolígrafo, visité durante casi dos años a muchas personas de cada uno de los pueblos de Los Pedroches, casi todas mayores, que podrían ayudarme en esa labor. Para localizarlas, le pedí ayuda a Luis Lepe Crespo, que contaba con un numeroso grupo de informantes de música tradicional, quien me dio todo tipo de facilidades, y a personas como Antonia Tirado Moreno, Miguel Romero Ruiz, Manuela Margarita Ruiz Blanco y Ponciano Quebrajo Benítez. Donde no tenía informantes, los buscaba en los Ayuntamientos, en los hogares de pensionistas, en las residencias de mayores.


         Y en este punto quiero recordar a alguno de ellos.
         – A Cleofé Jiménez Daza, que me recibió con su familia alrededor de una mesa camilla en su casa de Santa Eufemia. Cleofé, que tenía 99 años por entonces, me dijo que durante la guerra iba andando a visitar a su marido, que estaba preso en la cárcel de Almadén. Cleofé me contó el cuento de La risa de los santos.
         – A Antonio Romero Moreno, más conocido como Antonio de Fermina, de Torrecampo, que fue durante muchos años concejal de su pueblo. Una persona trabajadora y honrada. Antonio me contó el cuento El caballo Matalobos.


         – A Asunción Cañuelo Fernández, de Villanueva de Córdoba, que era joven entonces y lo sigue siendo. Asunción me contó el cuento El cielo de los simples.
         – A María Ruiz Lunar, de Dos Torres, que un día, de los varios que la visité, me recibió haciendo jabón casero con aceite usado en el patio de su casa, rodeaba de tarros que tenía en el suelo. María me contó el cuento El Maestro de todos los maestros.
         – Y, entre otros muchos, quiero recordar a Andrés Ballesteros Encinas, con quien compartí varias tardes en su taller de zapatería de la calle Bautista de Pozoblanco. Andrés me contó el cuento “Tomar el pelo”.
         Aunque lo que iba buscando eran leyendas, lo que me contaban mis entrevistados no lo eran verdaderamente. Yo me presentaba, explicaba lo que era una leyenda y, con su autorización, ponía en marcha la grabadora.


         El concepto de leyenda no es fácil de transmitir y de comprender.
         Me pasaba con mis informantes mucho tiempo. Eran normalmente personas mayores, muchas de ellas vivían solas o estaban rodeadas de familiares cansados de oírles sus batallitas, y se encontraban de pronto con alguien que las oía con atención, con mucha atención.
         Me hablaban. Me hablaban mucho. Me hablaban durante horas. En algunas ocasiones, durante varias tardes. Se iban por las ramas y me hablaban de cualquier cosa. De la guerra, de la preguerra, de la postguerra. Sobre todo de eso. Uno de ellos, por ejemplo, me aseguró que se acordaba de lo que había hecho cada uno de los días de la guerra.


         Y cuando yo intentaba reconducir la conversación, no me contaban leyendas, sino historias reales o cuentos. Es decir, el medio camino entre la realidad y la ficción que tiene la leyenda se acababa decantando entre la realidad, esto es, la Historia, o la ficción, esto es, el cuento.
         Después de muchas conversaciones con mis informantes, llegué a la conclusión de que eran muy pocas las leyendas que había en Los Pedroches. A mitad del trabajo, supe también que las pocas leyendas que había, o estaban recogidas, como en el caso de Pedroche, pueblo en el que había un buen puñado de ellas, o ya se habían incluido en el original no publicado de un libro de Manuel Moreno Valero (a quien también visité en Córdoba), en cuya publicación, que fue en 2001, colaboró luego la misma Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno.


         Así que, como el camino de las leyendas se me cerraba, elegí el camino de los cuentos.
         Al cabo de dos años, me había recorrido todos los pueblos de Los Pedroches y tenía una notable colección de cuentos, anécdotas y chascarrillos que pasé a papel y presenté a la Fundación, al tiempo que proponía un cambio en el contenido del proyecto, que la Fundación aceptó de inmediato.
         Esa colección cuentos, anécdotas y chascarrillos era muy diversa. Como digo en el prólogo, no era un todo dotado de unidad, sino incoherente y disperso, en el que cabían cuentos largos y cortos, chistes, chascarrillos, anécdotas antiguas y otras no tan antiguas; historias de Quevedo junto a historias de animales humanizados y cuentos religiosos junto a cuentos eróticos y aun obscenos o pornográficos.


         Y aún más, sin ser un experto en la materia, me pareció que muchos de ellos no eran cuentos tradicionales, sino de autor, y que muchos de ellos no eran originarios de Los Pedroches ni tenían raíz alguna en esta tierra.
         Cuando aparté los que más desentonaban del marco “cuentos tradicionales de Los Pedroches”, me encontré con un conjunto que no tenía armonía, que seguía siendo demasiado diverso.
         Podía haberlo remitido así a la Fundación, como estaba, pero intuí que en ese caso el proyecto solo era atractivo para los expertos, no para el público lector, que demanda un estilo único, un relato coherente e historias con un determinado tamaño, con un argumento mínimo y bien resueltas.
         ¿Y si utilizaba los cuentos, los chascarrillos, las anécdotas como base para escribir otros cuentos?, pensé. Es decir, ¿y si hacía una adaptación libre de lo que me habían contado, como hacen los novelistas en las novelas históricas?
         Para probar, escribí un cuento y me gustó. Escogí, a continuación, uno con suficiente potencial de cada uno de los pueblos, de manera que estuvieran representados la mayor parte de ellos. Y me puse a desarrollarlos, a adaptarlos, a razón de uno al mes, aproximadamente.


         Cuando terminé no tenía una colección de “Cuentos tradicionales de Los Pedroches”, sino una colección de “Cuentos de Los Pedroches”, sin el adjetivo tradicionales. No obstante, creí que el lector debía saber cómo era el cuento original, así que incluí las dos versiones: la original, tal y como me loa habían contado, y la versión escrita por mí.
         La colección se publicó en 2001. Al poco tiempo, se agotó.
         Desde entonces, algunas personas se han dirigido a mí para preguntarme cómo podían conseguir un ejemplar o pidiéndome una nueva impresión.
         Hace unos años, cuando publiqué mi página web y puse en ella buena parte de mis escritos, decidí insertar también Los cuentos de Los Pedroches. Entonces, los volví a leer, les corregí algunos errores y los publiqué. Todo lo que está en mi página se puede descargar libremente y reproducir, siempre que no sea con fines comerciales. Y hubo quien insertó en otras páginas de internet alguno de estos cuentos.


         Cuando volví a leer los cuentos, casi no los recordaba. Y me gustaron, lo que no suele ser muy frecuente con mi obra anterior.
         Están escritos en un estilo que ya no utilizo, y que consideré entonces, y considero ahora también, bastante apropiado para un relato que unas veces es irónico y pícaro y otras severo y edificante, pero siempre popular.
         Hace unos meses, descubrí que el libro al completo se podía descargar en internet en distintos formatos desde varias páginas, para mí totalmente desconocidas. Entonces, yo mismo lo subí a amazon, en formato kindle, para que pudiera descargarse corregidos y sin problemas.
         Dos cuentos han sido adaptados recientemente por el grupo de teatro Los Mejía, que ha hecho con ellos un trabajosorprendente y magnífico. Estos cuentos han sido representados en varios pueblos de Los Pedroches, donde siempre han tenido una gran acogida.
         Para un aficionado a la escritura, como lo soy yo, a quien tanto le cuesta dar a conocer su obra, que Los cuentos de Los Pedroches se hayan vendido y extendido y hasta se hayan adaptado al teatro es una enorme satisfacción.


         Hace dos meses o así, Isabel y Pedro, de 17 Pueblos, me propusieron la reedición de Los cuentos de Los Pedroches.
         Yo acepté de inmediato, como no podía ser de otra forma. Publicar cuesta mucho trabajo. Muchos libros no se publican nunca o se publican malamente. La propuesta de 17 Pueblos es una mosca blanca que había que aprovechar.
         Esa publicación satisface mi vanidad, que es la única satisfacción que tienen los artistas de un nivel como el mío, y satisface la demanda de libros que me habían expresado algunos potenciales lectores. Ahora, la única satisfacción que queda pendiente es la de los editores, Isabel y Pedro, que arriesgan sus ilusiones y su dinero.


         Espero que esta satisfacción también se cumpla.
         No soy muy amigo de las presentaciones. Los cuentos de Los Pedroches nunca se presentaron cuando se editaron ni se han presentado después, de manera que ahora se visten de gala por primera vez. Lo hacen cuando ya son mayores de edad, 16 años después de su primera publicación, cuando a su autor ya le constan algunas opiniones de sus lectores.


         Por eso, en otras circunstancias, habría dicho “espero que les gusten”. En las presentes, seré menos comedido y diré “espero que les sigan gustando”.
El cuento que van a representar los Mejía, El hijo del Pastor, me lo contó Sebastián Castillo Román, al que visité al menos un par de veces en la residencia de mayores de Pedroche. El original que me contó Sebastián contiene los personajes típicos de lo que me contaban mis informantes. Por un lado, el personaje que representa la ingenuidad extrema, esto es, la simpleza, que casi siempre es un hombre de campo, y, por otro, los personajes que representan la astucia, la fullería, el disimulo, que suelen ser mujeres de la vida u hombres relacionados con la iglesia, como los curas o los sacristanes.


         La historia tiene, también, dos de los ingredientes fundamentales de este tipo de cuentos: la picardía y lo escatológico.
         La trama original es muy simple, pero muy potente. Yo la tomé en su totalidad y con ella construí el principio y el final del cuento. Es decir, me inventé toda la parte del medio, el desarrollo, y para ello debí introducir varios personajes más. También hice que la simpleza del pastor fuera aún mayor de la que reflejaba el cuento original. Por ejemplo, en el cuento original el pastor tiene relaciones íntimas con su mujer y espera que dos días más tarde haya nacido un hijo. Yo, además, escribí que el pastor se acostaba con su mujer y sentía el placer de estar calentito y acompañado, pero no tenía relaciones íntimas con ella. Y a pesar de eso, cuando volvía al pueblo, esperaba ver retozando por la casa a su hijo.

 


         También hice que fuera mayor la inteligente y fresca desvergüenza de su mujer, a la que acompañé de unos personajes que no venían en el cuento original, a fin de pudiera dialogar con ellos.
         La historia tiene varias escenas y no es fácil de representar en un teatro. Cuando supe que Los Mejía la habían adaptado, me pregunté cómo habían solucionado el pase de unas escenas a otras sin correr el telón,  cómo habían solucionado las varias escenas de cama y cómo habían solucionado la escena en la que uno de los protagonistas enseña el culo, de la que no se podía prescindir sin estropear el relato.


         Y debo decir que cuando vi la representación de Los Mejía me quedé fascinado. Habían solucionado de una manera impecable los problemas que suponía la adaptación echando mano de técnicas de representación que a mí jamás se me habrían ocurrido, de manera que la obra de teatro era una adaptación perfecta del cuento y una gran de arte por sí misma.


         Y no quiero decir más, para no estropearles el placer de ver a Los Mejía representar el El hijo del pastor.
         

           Nada más. Muchas gracias..."



El libro lo ha editado Pedro de la Fuente Serrano  y puedes encontrarlo, antes de que vuelva a agotarse en https://www.17pueblos.es/tienda/libros/libro-cuentos-los-pedroches-juan-bosco-castilla/

sábado, 7 de octubre de 2017

Luis Lepe Crespo completa su obra " La música en Los Pedroches"

Publicamos  el texto completo del discurso de presentación de Juan Bosco Castilla.





Señoras y señores, buenas noches.

En el verano de 2011, el que iba a ser pregonero de la feria de Pozoblanco me pidió que fuera su presentador. Yo acepté de inmediato y le pedí que me mandara su currículo personal y algunos datos de su propia vida. Al cabo de muy poco tiempo, Luis Lepe Crespo, la persona a la que me refiero, me envió por correo electrónico un escrito en el que, aparte de rogarme que no lo avergonzara con muchos elogios, terminaba diciendo: “Cuando tenía 20 años mi meta era tener una tienda de música y trabajar en el Conservatorio de Pozoblanco. Hoy soy una persona feliz, pues he cumplido mi mayor fantasía”.


Hoy presentamos lo que ni siquiera Luis Lepe había soñado, los tomos 3º y 4º de su magna obra sobre La música de Los Pedroches.
Como no quiero avergonzarlo con elogios, me limitaré a decir que Luis Lepe había aprendido en los Salesianos a tocar los diversos instrumentos de la rondalla, había dirigido algunos grupos musicales de adolescentes y, más tarde, formado parte de otros que ya son historia de la música pop de Pozoblanco, como Los Doming o Sentidos.


Había dejado de estudiar a los 18 años para ponerse a trabajar en las oficinas que la RENFE tenía por aquellos entonces en Pozoblanco y empezado a estudiar música a los 23 años, en el Conservatorio de Córdoba. Por aquel entonces, trabajaba en la fábrica de gaseosas de La Revoltosa, a cuyos dueños guarda un cariño especial, pues le permitían faltar los tres días que debía asistir a clase y recuperarlos trabajando los sábados.
Luis tenía un objetivo y seguía estudiando a pesar de todo, incluso a pesar de que en 1987 se cumpliera la primera parte de su sueño y abriera una tienda de música.

La segunda parte de ese sueño empezó a cumplirse en 1991, año en que se abrió el Conservatorio de Pozoblanco, y casi termina en 1994, año en que empieza a impartir clases de Armonía en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba. A partir de entonces, 1994, vive exclusivamente de la música, pero sigue estudiando, de manera que en 1998 termina Musicologia, Etnomusicologia, Paleografía y Gregoriano.

La tercera parte, lo que ni siquiera la persona que tengo al lado soñó, es la realidad que hoy nos congrega aquí.


         El libro que hoy presentamos, que recoge el cancionero popular profano de Los Pedroches, es la segunda parte y última del descomunal, enciclopédico, trabajo que Luis Lepe Crespo ha dedicado a la música de Los Pedroches. Esta obra no habría sido posible si su autor no hubiera sido un trabajador metódico, concienzudo e incansable. Esta obra no habría tenido la calidad que tiene si su autor no hubiera sido un musicólogo. Y esta obra no sería igual, sería menos completa y menos hermosa, si no hubiera sido realizada con cariño, con el cariño que su autor le tiene a la música y a Los Pedroches.

Y diría más, este libro no sería igual si Luis Lepe no estuviera enamorado de la música tradicional de Los Pedroches. Ese amor es incuestionable. Lo sabe cualquiera que lo conozca a él y lo sabrá cualquiera que se acerque a su libro, a poca sensibilidad que tenga.

Ahora bien, la cuestión que se me plantea, que se me ha planteado numerosas veces después de hablar con Luis sobre la música tradicional de Los Pedroches, es si ese amor es correspondido. O dicho de otra forma, si la música tradicional de Los Pedroches responde al amor de Luis manteniendo su vigor, su impulso, su potencia. Y creo que no. Creo que el amor que Luis Lepe tiene por la música tradicional de Los Pedroches es un amor platónico, tanto como el que cualquiera de nosotros podría tener por una estrella del cine americano o, mejor, como el que podría tener por una persona cercana y que ha conocido pero que ya ha muerto.


Ha muerto. La música tradicional de Los Pedroches profana ha muerto. Luis lo sabe, lo reconoce, él mismo lo dice en la presentación que se recoge al principio de su libro. Dice, por ejemplo, literalmente:
Al estudiar la música en general y en particular la de tradición oral que ha llegado hasta nosotros, descubrimos la pasividad que la sociedad ha mostrado ante la desaparición de músicas que nunca se tenían que haber perdido y la indiferencia con que se han aceptado como propias melodías foráneas, que han llegado hasta nosotros subidas al tren de la moda musical, sin ser conscientes de a dónde nos llevaba ni de cuál iba a ser su destino.

Y reconoce, también, que no es una música nuestra, ya no. Literalmente, dice:

Es la música tradicional, con la que nuestros antepasados celebraban y acompañaban los principales acontecimientos de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte.

Y, por último, dice, también literalmente:
El origen último de todo el material recogido y empleado es la memoria de los mayores de Los Pedroches, en la que se grabó de oírlo de sus padres y de sus abuelos.
 

Es decir, que la música que se recoge en este libro es la música que fue pasando de padres a hijos desde su creación hasta nuestros mayores, y ahí se quedó, ahí se quedó para siempre, pues de la memoria de nuestros mayores no ha pasado a nadie más. De manera que si no hubiera existido esa última memoria no habría sido posible hacer ni este libro ni otros estudios que se hacen sobre la música tradicional de Los Pedroches, ni sería posible el excepcional repertorio de canciones que tienen, entre otros, grupos como Aliara o el de bailes de grupos como, entre otros, La faneguería.
         ¿Se podría haber evitado esa muerte?
         A ver, de la lectura de este libro y del libro anterior he aprendido que la música tradicional está íntimamente ligada a la sociedad en la que vive, a los trabajos cotidianos, a los juegos cotidianos, a las relaciones cotidianas… Es en la cotidianidad donde nace y donde crece la música y si muere la cotidianidad o es sustituida por otra, muere con ella la música o es sustituida por otra.
         La realidad, en fin, es la que hace nacer la música popular, la que la hace crecer y la que la mata. La realidad determinó que en el siglo XIX se roturaran grandes territorios de la sierra ubicada al sur de Los Pedroches y se plantaran allí una gran cantidad de olivos y que, de esa manera, se produjera una gran concentración de personas, muchas de ellas venidas de fuera, todas empleadas en un trabajo duro, muy duro, que necesitaba del desahogo que ofrece la música, personas, la mayoría jóvenes, que al terminar la jornada convivían alrededor de una candela y entretejían sentimientos y emociones, esos sentimientos y esas emociones que sabe plasmar como nadie la música.
         La realidad cambió con el olivar de la sierra y generó su propia forma de expresión, distinta de la que existía antes y distinta de la que existe ahora.
         ¿El salto entre esas realidades es similar? ¿Es similar el salto entre la realidad que existía antes de la llegada del olivar y la del olivar y el saltó entre la realidad del olivar y la de hoy en día?
         Evidentemente, no. El salto que se ha producido en los últimos años ha sido descomunal. En una sola generación, la que va de nuestros padres a nosotros (los que estamos entre los cincuenta y los sesenta años) se ha producido eso que en Filosofía de la Ciencia se llama un cambio de paradigma. La realidad no ha cambiado un poco, ha cambiado en su totalidad, en el fondo, en lo esencial, de manera que ya no puede hablarse de una realidad modificada, sino de una realidad totalmente distinta
         El cambio ha sido descomunal en lo inmaterial y en lo tecnológico. 
         En lo inmaterial, porque del rigor en las costumbres, que se relajaban en la sierra y provocaba situaciones subidas de tono, se ha pasado a una libertad casi total, en la que ya no tiene sentido lo implícito, porque casi todo se explicita. Y en lo inmaterial, porque las condiciones de trabajo se han dignificado, los tipos de trabajo se han reducido y se han modificado las relaciones entre los trabajadores y entre los trabajadores y los patronos.
         El cambio en lo inmaterial ha venido de la mano de un cambio tecnológico enorme. Ya no hay molinas ni, en consecuencia, molineros. Ya no hay arrieros. Ya no hay, alfareros, carpinteros, tejedores, zapateros, albañiles, carboneros, hortelanos, pastores, zagales, guardas, artesanos, caseros, etc. Muchos aceituneros no se quedan en los cortijos, sino que vuelven al pueblo por las noches. El tiempo libre lo llena la televisión, o la radio, o el móvil.
         La realidad es distinta en la sierra porque ha habido un cambio de costumbres y un cambio tecnológico gigantesco. Un cambio que se percibe mejor, porque nos afecta a todos, cuando de otras músicas tradicionales de carácter profano se trata. ¿Quién baila al corro ya, por ejemplo? ¿Qué niños juegan en la calle? ¿Quién cuenta romances de plaza en plaza? ¿Quién puede cantar canciones de quintos, ahora que ya no hay quintos ni nada que se le parezca?


         Responder a todas esas preguntas diciendo que casi nadie es ser muy generoso. Es más acertado decir que nadie.
         Hoy en día, las calles están llenas de coches y el tiempo libre está ocupado por la televisión o por internet.
         ¿Cuándo fue la última vez que visteis a unos adolescentes jugar al corro en la calle? ¿Se puede mantener así La tarara, El jardín de la alegría, en donde a las muchachas les salían los novios más bonitos de España, o la canción del barquero, ese que invitaba a las niñas bonitas a cruzar el río? ¿Puede mantenerse el San Juan de Villanaranja, el que fumaba bien y cantaba bien y tenía la barriga llena de vino tinto y de vino azul, si nuestros niños no saben lo que es jugar a carabineros o a Sevilla Eléctrica?
         No, no puede mantenerse, y ¡ganita que breguemos!, como se decía en nuestra tierra, porque no hay nada que hacer.
         ¿Que nos duele? Bueno, nos duele a los que tenemos una edad lo suficientemente avanzada como para recordar lo que hemos perdido. La generación a la que pertenezco es la última que ha jugado en la calle, la última que ha hecho la mili, la última que ha ido en carro a la sierra con las gallinas en una jaula y el gato en un costal. Para nosotros, la música que se recoge en este libro es algo más que la música que tuvo un pueblo en un pasado cercano, porque da la casualidad de ese pueblo es el nuestro y esa música era la nuestra.
         Cuando otros oyen estas músicas, sienten menos que nosotros, sienten distinto que nosotros, porque nosotros, además de las emociones que la propia música genera, sentimos las emociones que nos llegan desde nuestra propia memoria.
         Como evocamos emociones y sentimientos con esa música, nos duele su pérdida. Pero, además, nos duele su olvido. Porque no es solo que estas músicas se hayan perdido, es que además se han olvidado. Y el colmo de los colmos es que, además de perderse y además de olvidarse, han sido sustituidas en su propio tiempo, en el pasado, han sido suplantadas en la Historia, de manera que para mucha gente no solo no existen, sino que no han existido nunca. O por decirlo de otra forma, de manera que para mucha gente la música que se tiene por popular hoy en día, es la que ha existido siempre.
         La pérdida, el olvido y la mentira.
         ¿Entienden ahora por qué es tan importante el trabajo que vienen desarrollando grupos como Aliara o La Faneguería y personas como Antonia García?
         ¿Entienden por qué es tan importante la labor de Luis Lepe Crespo?
¿Entienden por qué era tan necesario este libro?
         Este libro no hará que los aceituneros y las aceituneras vuelvan a bailar jotas y cantar canciones picantes al amparo de la candela, no hará que los niños vuelvan a jugar al corro en la calle, no devolverá las canciones de boda ni los antiguos cantos de trabajo, pero los rescatará del olvido y los ubicará donde se merecen, que es en la memoria de nuestro pueblo.
         Decía al principio que Luis Lepe Crespo es metódico, concienzudo e incansable. Por eso mismo este libro se ha hecho con una voluntad integral, a fin de recogerlo todo, incluidos los cantos que se empleaban para aprender las tablas de multiplicar o las nanas con las que madres procuraban el sueño de sus hijos. A fin de que cualquiera que sienta el deseo de saber cómo nos expresábamos hasta hace poco, pueda ver satisfecho ese empeño.
         Y decía que Luis Lepe Crespo es un musicólogo. Y por esta razón, el libro recoge las tonadas y las transcribe al formato musical, de manera que cualquier amante de la música pueda comprenderlas en su verdadera esencia e interpretarlas.
         El carácter científico del musicólogo no se conforma con recoger y transcribir las tonadas de una manera ordenada y sistemática. La música popular nace en un ambiente determinado, en un ecosistema social, al igual que las criaturas nacen en un ecosistema biológico. El carácter científico de Luis Lepe hace que en el libro se recojan las tonadas y el ecosistema en el que las tonadas surgieron. Por eso, el libro que hoy presentamos es de música popular y es, también, de Historia y de Antropología, de Historia de Los Pedroches y de Antropología de Los Pedroches.
         Todo lo que se afirma en este libro está documentado o ha sido citado por otros autores, de los que se da cuenta en el acto, en su literalidad o con más de setecientas notas a pie de página, que en numerosas ocasiones amplían o explican lo que se ha dicho en el texto ordinario.


Nada en este libro se ha dejado al azar. Todo lo que recoge es rigurosamente cierto.
El carácter enciclopédico del texto hace que podamos leerlo como un libro más, es decir, empezando por el principio y continuando página a página hasta su final, o que lo tengamos como un libro de consulta, al que se recurre para solucionar una duda o satisfacer una curiosidad.
 Luis Lepe, cuyo amor por la música es públicamente conocido y reconocido, puede sentirse orgulloso, muy orgulloso, de lo que ha hecho. Sus muchas horas de trabajo han cuajado en un libro fenomenal, que nos devuelve buena parte de nuestro pasado, el más proclive a la confusión y al olvido.
Si para mí, que no entiendo de música, este libro ha sido una fuente enorme de conocimiento y de placer, para el que entiende de música debe ser el colmo de la felicidad.
Por último, quiero agradecer a Luis Lepe que haya pensado en mí para hacer esta presentación. Ha sido un honor inmenso.

Muchas gracias. 

sábado, 3 de junio de 2017

Manuel Espejo Jurado firmará sus libros en la Feria del libro de Madrid

Queridos amigos y familia, el próximo lunes 5 de junio estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid de 18:00 a 19:30 horas en la caseta Nº 24  MAIDHISA, con mis dos libros: SABES QUE... (5ª edición y LA TIENDA DE ZAPATOS en su tercera edición).

Os espero a todo aquel que quiera pasar por el Parque del retiro , visitar la feria y saludarme.
 
Un fuerte abrazo para todos.

Os dejo un pequeño reportaje de cómo han ido las Ferias del Libro de Baena (Córdoba) y Fuenlabrada (Madrid) en la que he participado también con un homenaje a Gloria Fuertes en su centenario y Miguel Hernández en el 75 aniversario.